Por qué Trump quiere Groenlandia: bases, minerales y una isla más grande que México
La isla ártica tiene menos de 57.000 habitantes, pero su ubicación y sus recursos la convirtieron en una prioridad de Washington. Repasamos la historia, el acuerdo firmado en septiembre y lo que opinan los groenlandeses.
Groenlandia mide unos 2,17 millones de kilómetros cuadrados: es más grande que México y es la isla más grande del mundo. Sin embargo, allí viven menos personas que en muchas ciudades medianas de América Latina.
Aun así, este territorio helado se volvió una de las obsesiones de política exterior de Donald Trump. En enero de 2026 llegó a amenazar con aranceles a países europeos por el tema, y en septiembre firmó un acuerdo que amplía la presencia militar de Estados Unidos en la isla. ¿Por qué tanto interés?
Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca. Cerca del 80 % de su superficie está cubierta por una capa de hielo, y casi toda su población, mayoritariamente inuit, vive en la costa. Según la oficina de estadística groenlandesa, al 1 de julio de 2026 tenía 56.945 habitantes, de los cuales unos 20.400 viven en la capital, Nuuk.
Desde 2009, una ley de autogobierno le reconoce el derecho a declarar la independencia si así lo decide su población. Su economía, sin embargo, depende en buena parte de la pesca y de una subvención anual que le entrega Dinamarca.
Un interés que viene de lejos
La idea de comprar Groenlandia no es nueva. En 1946, el gobierno de Harry Truman propuso a Dinamarca pagar 100 millones de dólares en oro por la isla. La propuesta, hecha en privado, no fue aceptada y solo se conoció en 1991, gracias a documentos desclasificados.
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos instaló en el noroeste de la isla la base aérea de Thule, hoy llamada Pituffik, gracias a un acuerdo de defensa firmado con Dinamarca en 1951. En su primer mandato, en 2019, Trump planteó comprar Groenlandia; la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, calificó la idea de absurda.
Los dos grandes motivos: defensa y minerales
La razón principal es militar. La ruta más corta para un misil lanzado desde Rusia hacia Norteamérica pasa por encima del polo Norte, y Groenlandia está en medio de ese camino. Los radares de Pituffik detectan esos lanzamientos y calculan su trayectoria, además de vigilar el espacio y controlar satélites.
Trump también ha dicho que la isla es clave para su proyecto de escudo antimisiles, la llamada Cúpula Dorada. Expertos en defensa citados por medios estadounidenses responden que los acuerdos existentes con Dinamarca ya permitían ampliar la presencia militar sin cambiar la soberanía de la isla.
El segundo motivo está bajo tierra. Groenlandia tiene importantes yacimientos de tierras raras, un grupo de 17 elementos indispensables para fabricar imanes de autos eléctricos, turbinas eólicas, teléfonos y sistemas de armas. Hoy China domina ese mercado: concentra cerca del 60 % de la extracción mundial y alrededor del 91 % de la refinación, según datos de la Agencia Internacional de Energía.
Dos proyectos groenlandeses destacan: Tanbreez y Kvanefjeld, ambos en el sur de la isla. Kvanefjeld está paralizado desde que Groenlandia prohibió en 2021 la minería de uranio, presente en ese yacimiento. Tanbreez, controlado por la empresa Critical Metals, prevé empezar a producir hacia 2028 o 2029, según la propia compañía.
Ninguno de los grandes proyectos de tierras raras de la isla produce todavía.
De los aranceles al acuerdo de septiembre
La tensión tocó techo en enero de 2026. El 17 de ese mes, Trump anunció aranceles del 10 % contra ocho países europeos, entre ellos Dinamarca, Francia, Alemania y Reino Unido, que subirían hasta el 25 % en junio. La Unión Europea respondió congelando la aplicación de su acuerdo comercial con Washington.
Cuatro días después, en el Foro Económico de Davos, Trump dio marcha atrás. Dijo que había acordado con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el marco de un futuro trato sobre Groenlandia y que los aranceles no se aplicarían. También dejó de lado sus amenazas de usar la fuerza, aunque insistió en su deseo de adquirir la isla.
Ese marco se concretó el 22 de septiembre de 2026 en Nueva York, al margen de la Asamblea General de la ONU. Trump, Frederiksen y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, firmaron un documento de diez páginas que permite a Estados Unidos modernizar y ampliar Pituffik y abre la puerta a dos nuevas bases militares. A cambio, el texto reafirma la soberanía danesa y el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro, y no otorga derechos de minería ni de perforación.
Las lecturas fueron distintas. Trump presentó el pacto como una garantía de control estadounidense permanente sobre la seguridad de la isla, mientras que Nielsen dijo que debía despejar cualquier duda sobre la lealtad de Groenlandia. El 14 de octubre, cuando Trump anunció en redes una exploración “masiva” de petróleo, gas y minerales, la Cancillería danesa recordó que cualquier proyecto debe cumplir las leyes groenlandesas y que el acuerdo no da ventajas a los inversionistas estadounidenses.
Qué piensan los groenlandeses y qué puede venir
La opinión de los habitantes es clara. Una encuesta de la firma Verian para los diarios Berlingske y Sermitsiaq, publicada en enero de 2025, encontró que el 85 % de los groenlandeses no quiere que la isla pase a formar parte de Estados Unidos; solo el 6 % estaba a favor.
Para América Latina, el caso es una señal de cómo mira Washington su propio hemisferio. Groenlandia pertenece geográficamente a Norteamérica, y en enero de 2025 Trump se negó a descartar el uso de la fuerza tanto para la isla como para el canal de Panamá.
Lo que viene dependerá de cómo se aplique el acuerdo: dónde se construyan las nuevas bases, si llegan inversiones mineras y si se acelera el debate sobre la independencia. Por ahora, Groenlandia sigue siendo parte del Reino de Dinamarca, pero se ha convertido en una de las piezas más valiosas del tablero ártico.
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