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Qué es Aramco, la mayor petrolera del mundo, y por qué los ataques en su contra mueven los precios

Nació como una concesión estadounidense en 1933 y hoy es el corazón del petróleo saudí. Cuando sus plantas se detienen, el golpe llega hasta las gasolineras de América Latina.

Por Redacción Datos Interesantes 5 min de lectura
Planta de procesamiento de Khurais, uno de los dos objetivos del ataque de 2019, vista por satélite en febrero de 2017.
Planta de procesamiento de Khurais, uno de los dos objetivos del ataque de 2019, vista por satélite en febrero de 2017. Foto: Planet Labs, Inc. / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

En septiembre de 2019, unos cuantos drones y misiles bastaron para apagar en una sola madrugada más de la mitad del petróleo que producía Arabia Saudita. El precio del barril dio el mayor salto en casi 30 años y el mundo descubrió lo frágil que puede ser su suministro de energía. Todo eso pasó en instalaciones de una sola empresa: Saudi Aramco.

Aramco es la petrolera estatal saudí y una de las compañías más rentables del planeta. Entender de dónde salió y por qué cada golpe en su contra se nota en los mercados ayuda a explicar algo muy cercano: lo que cuesta llenar el tanque.

Una empresa que nació estadounidense

Su historia empieza en mayo de 1933, cuando el gobierno saudí firmó una concesión petrolera con la Standard Oil of California, conocida como Socal. Para explorar el desierto, la empresa creó una filial llamada California Arabian Standard Oil Company (CASOC), y en 1936 la petrolera Texaco entró como socia con la mitad del negocio.

El giro llegó en marzo de 1938, cuando el pozo Dammam número 7, en el este del país, encontró petróleo en cantidades comerciales. En 1944 la compañía cambió su nombre a Arabian American Oil Company, de donde viene la sigla Aramco: una empresa árabe y estadounidense a la vez.

Con el auge del nacionalismo petrolero, Riad fue comprando la empresa por partes. Según la historia corporativa y varias enciclopedias especializadas, el Estado adquirió el 25% en 1973, subió al 60% al año siguiente y llegó al 100% en 1980. En noviembre de 1988, un decreto creó formalmente la Saudi Arabian Oil Company, es decir, Saudi Aramco.

Las cifras de un gigante

Aramco tiene una capacidad máxima sostenible de 12 millones de barriles diarios de crudo, un techo que el Ministerio de Energía le ordenó mantener en 2024 en lugar de ampliarlo a 13 millones, según Reuters. En 2025 su producción total de hidrocarburos, sumando petróleo y gas, promedió 12,9 millones de barriles equivalentes por día, y sus reservas declaradas rondan los 247.000 millones de barriles equivalentes.

El dinero que mueve es enorme. En 2025 ganó 93.400 millones de dólares, un 12% menos que el año anterior por la caída del crudo, con ingresos de 415.800 millones, según sus resultados anuales reportados por Reuters. Ese mismo año anunció la primera recompra de acciones de su historia, de hasta 3.000 millones de dólares.

La guerra en la región cambió el panorama en 2026. Con el petróleo mucho más caro, Aramco informó en agosto una ganancia neta de 32.700 millones de dólares solo entre abril y junio, un 44% más que un año antes, según Reuters y Asharq Al-Awsat.

El Estado saudí controla directamente cerca del 81,5% de la compañía y su fondo soberano, el PIF, otro 16%. Solo una pequeña parte cotiza en bolsa: en diciembre de 2019, Aramco vendió el 1,5% de sus acciones en la bolsa de Riad y recaudó 25.600 millones de dólares, la mayor salida a bolsa de la historia hasta ese momento. En su segundo día de cotización llegó a valer brevemente 2 billones de dólares.

El ataque que paralizó la mitad del petróleo saudí

El 14 de septiembre de 2019, drones y misiles alcanzaron la planta de Abqaiq, el mayor centro de procesamiento de crudo del mundo, y el campo de Khurais. Se perdieron de golpe unos 5,7 millones de barriles diarios, más de la mitad de la producción saudí y cerca del 5% de la oferta mundial, según el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos y la prensa internacional.

Los hutíes de Yemen se atribuyeron el ataque, pero Washington afirmó que la ofensiva había salido de Irán o Irak; Teherán negó cualquier participación. En los primeros minutos de operaciones, el Brent llegó a subir cerca de 20%, su mayor salto porcentual desde la guerra del Golfo de 1991, aunque luego se moderó cuando Aramco empezó a recuperar la producción en pocas semanas.

Las instalaciones de la empresa han vuelto a ser blanco en 2026. El 2 de marzo, Aramco detuvo por precaución su refinería de Ras Tanura tras un ataque con drones que Arabia Saudita atribuyó a Irán, y el 13 de octubre los hutíes alcanzaron su sede en Dhahran, como contamos en otra nota.

Por qué importa en América Latina

El petróleo se negocia en un mercado global: si sale de circulación una parte del crudo saudí, sube el precio de referencia para todos, incluidos los barriles que se venden en México, Colombia o Ecuador. Por eso un incendio en una planta del desierto puede terminar en la gasolinera de Lima, San José o Quito.

El efecto no es igual para todos. Los países que exportan crudo, como Brasil, México, Colombia, Ecuador o Venezuela, reciben más dinero cuando el barril se encarece, mientras que los importadores netos de Centroamérica y el Caribe pagan más por la energía y el transporte.

Además, Arabia Saudita es el país que más pesa dentro de la OPEP+, el grupo que decide cuánto petróleo producen sus miembros. Venezuela es socia fundadora de la OPEP, México forma parte de la alianza ampliada y Brasil se sumó en 2025 a su Carta de Cooperación, aunque sin aceptar cuotas de producción, según la propia OPEP y la agencia AP.

De cara a lo que viene, Aramco tiene un margen que pocas empresas poseen: normalmente produce por debajo de su techo de 12 millones de barriles diarios, y esa capacidad ociosa puede sumarse cuando falta crudo en otro lado. Ese colchón ayuda a calmar al mundo, pero solo sirve si sus plantas, oleoductos y puertos siguen en pie.

Mientras la guerra regional continúe, cada ataque contra sus instalaciones seguirá moviendo los precios del crudo en cuestión de minutos. Para América Latina, eso significa que el costo de la gasolina, del transporte y de muchos alimentos depende en parte de lo que ocurra en un puñado de complejos industriales en el este de Arabia Saudita.

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